Se viene la Cátedra Libre Dora Coledesky: Feminismo, géneros y diversidad sexual


Desde el 14 de abril llevaremos a cabo en Psico, Sociales, Fadu, Medicina y Filo  la “Cátedra Libre: Dora Coledesky” acerca de Feminismo, géneros y diversidad sexual.

¿Por qué hacer esta Cátedra?

Como estudiantes universitarixs sabemos que la academia es un ámbito con tradición machista, donde a pesar de avances históricos, aún perduran desigualdades de géneros, e incluso, en algunas Facultades de nuestra Universidad ha habido denuncias recientes de casos de abuso por parte de docentes. En carreras donde la mayoría de las profesionales son mujeres, los cargos titulares continúan siendo mayoría de varones y seguimos sin jardines materno-paternales.

Una de las mayores deudas de nuestra Universidad es incorporar la perspectiva de género en nuestra formación y en la producción del conocimiento. Por eso queremos mediante esta Cátedra Libre aportar herramientas para trabajar temas relacionados con nuestras carreras desde un enfoque  orientado a erradicar la desigualdad entre los diversos  géneros.

Porque somos estudiantes universitarias, con mentes críticas y espíritu inquieto, que queremos transformar la universidad y la sociedad entendemos que esto no puede escindirse de la lucha por el fin de la discriminación y la opresión de géneros, en la universidad y fuera de ella.

¿Por qué el nombre de Dora Coledesky?

Dora Coledesky fue una luchadora incansable, una militante y abogada feminista. Impulsora fundamental de las luchas por los derechos de las mujeres, fue fundadora de la Comisión por el derecho al aborto.

Seguramente su nombre no te suene, y por eso también la elegimos. Ella, como tantas otras mujeres en la historia de nuestros pueblos, fue invisibilizada, borrada de un plumazo de la historia oficial. Sabemos que, como dijo Rodolfo Walsh, quienes dominan se encargan de que la historia aparezca como propiedad privada, cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas. Recuperar esa historia para nosotrxs es también parte de la batalla. Porque reivindicamos su lucha, porque nos reconocemos en compañerxs como ella, y porque tomamos en nuestras manos el desafío de seguir luchando hasta que todxs seamos librxs.

CATEDRADORA


2 Comentarios en “Se viene la Cátedra Libre Dora Coledesky: Feminismo, géneros y diversidad sexual

  • mabel bellucci

    Este es el link de la nota en Damiselas en apuros

    http://damiselasenapuros.blogspot.com.ar/2014/03/honor-y-gratitud-la-comision-por-el.html
    Honor y gratitud: la Comisión por el Derecho al Aborto
    A punto de aparecer en las librerías “Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo” (Capital Intelectual), minucioso y muy abarcativo ensayo de Mabel Bellucci sobre el derecho a la interrupción del embarazo, he aquí fragmentos de uno de sus capítulos más significativos a nivel local: el que refiere la historia del grupo que sostiene esa lucha desde hace más de una década en la Argentina, y que exalta la imprescindible figura de Dora Coledesky.

    Hacia mitad de los años 80 y por una década, fue la Comisión por el Derecho al Aborto que reinstaló el debate del aborto voluntario como única premisa fundante, y la sostuvo durante todo su recorrido hasta su disolución. (…). Al mismo tiempo, esta agrupación sustentaba la polémica y la acción sin apartarse de su propósito central. Fue una voz que colocó el acento siempre en el mismo punto, sea dentro del feminismo como del movimiento de mujeres, es decir, repitió, insistió, machacó, reiteró hasta dejar grabado su propósito, sin vuelta atrás. Por si no queda claro: desde sus inicios, este grupo fusionó su denominación con su propio objetivo como un imperativo categórico, en momentos en que el aborto era aún un “no dicho”, un “sin nombre”, una zona franca, un agujero negro. Nunca tan preciso Pierre Bourdieu cuando planteó: “Nominar es un acto político”. Este pequeño reducto de instigadoras instituyó un feminismo en acto. Creció sin masividad pero se reservó como un germinal político, una latencia que no cesaría.

    Así, el aborto fue capitalizado mediante el impulso del demos que suponía aceptar la efectiva demanda. Este presente actual de forcejeos por arrancar al aborto de las garras de la ilegalidad no hubiese sido el mismo sin el apasionado activismo de contienda y la voluntad política desplegada por parte de esta agrupación autogestiva. Además de ser financiada con el aporte de sus propias integrantes, contaba con la estrecha e incondicional colaboración de los y las amigas comprometidas con la causa y por el reconocimiento hacia la figura de Dora Coledesky, alma mater de esta agrupación. Sin parpadear, se podría decir que se hermanaba con las tendencias del feminismo radical y con una izquierda crítica e independiente. Constituir dicho espacio fue fruto del entusiasmo derivado de una mesa sobre aborto, realizada en las VI Jornadas de ATEM-25 de noviembre, bajo el nombre “Vida Cotidiana y hacer político de las Mujeres”, en noviembre de 1987. El panel lo integraban la bióloga Susana Sommer; la antropóloga Safina Newbery; la filósofa Laura Klein; la abogada feminista italiana Erica Dummontel y ella. Dora tuvo presente que: “Después de las exposiciones, alguien del público –creo que Marta Fontenla– preguntó qué debíamos hacer. Surgió entonces la idea de crear una agrupación para la lucha por el derecho al aborto”.

    Todo quedó allí hasta que el 8 de Marzo del año siguiente. La convocatoria para la constitución de la Comisión por el derecho al aborto fue inmediata. Sin más, se reunieron Alicia Schejter, María José Rouco Pérez, integrantes de ATEM-25 de noviembre, Laura Bonaparte, referente de Madres de Plaza de Mayo- Línea Fundadora, la histórica feminista Safina Newbery, Rosa Farías, enfermera del Hospital Muñiz, Susana Mayol, la abogada Carmen González y Nadine Osídala.

    Asimismo, la CDA ensanchó sus filas al incorporar a varias médicas: Zulema Palma, Susana Mayol, Silvia Cóppola y Alicia Cacopardo. Ahora bien: interesa detenerse en este grupo de médicas que, transcurridos unos años, constituirán sus propias redes y agrupaciones con una consistente presencia a lo largo del recorrido feminista en Buenos Aires. Es decir, que la CDA facultó tanto con su accionar como con la capacitación específica a especialistas de la salud que luego adquirieron un pujante protagonismo en nuevas experiencias relacionadas con las políticas del cuerpo. En realidad, sin proponérselo se convirtió en un espacio preparatorio de figuras feministas con proyección futura.

    Por el tenor de sus integrantes se podría suponer que la influencia de aquellas que atravesaron exilios fue determinante para sostener el aborto como la única causa en el horizonte de esta agrupación. Razones no faltaban: Nadine, Cóppola y Coledesky venían de Francia; Bonaparte de México. Esos conocimientos avivaron como ningún otro el legado de las campañas por el “Yo aborté”. Las cuatro sentaban posición por haber intervenido o bien por haber estado impregnadas del efervescente movimiento feminista internacional.

    (…)

    En esos momentos, todas las agrupaciones feministas y de mujeres que asaltaron lo público se definían como una asociación; otras, un movimiento; otras, como grupo; otras por ser un foro, una casa. No había tantas fórmulas más. En cambio, acá decidieron denominarse “Comisión”. ¿Quién utilizaba el concepto? En realidad, ese destino era ajeno a las tradiciones feministas y familiar a los traqueteos obreros y sindicales. Siempre en el plano de aventurar hipótesis, de todas las integrantes Dora Coledesky era la única que disponía de un curriculum vitae: no solo como militante fabril sino también como obrera en su juventud y en el exilio. Seguramente, imperó su trayectoria a la hora de definir el nombre de la agrupación. Aún queda más, ya que aparecen otros datos que no son para soslayar: este término no se acompaña con el término “mujer” ni tampoco con “feminista” pero sí con “aborto”, la palabra más ninguneada por el feminismo institucionalizado y académico hegemónico.

    Como era su costumbre, en la Plaza de los Dos Congresos, la CDA colocaba una mesa con revistas propias y producciones ajenas también. A contra reloj, de 1990 a 1991, el tiempo no les alcanzaba para tantas metas a realizar. Ofrecían charlas en barrios carenciados; intervenían en jornadas organizadas por la Facultad de Medicina, el Colegio de Abogados, el Teatro IFT, el Foro Gandhi, el Centro de Estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, el Hospital Muñiz, el Sindicato del Personal Civil de la Nación, los Comedores Infantiles y los Centros Culturales del Gran Buenos Aires, entre otros tantos espacios que recorrieron con su mochila al hombro. Sus integrantes participaban en los Encuentros Nacionales de Mujeres, debatían en programas de radios comerciales como alternativas, escribían notas para periódicos y revistas de variado tipo y color, vendían sus publicaciones, recolectaban firmas de adhesión a su anteproyecto de ley, redactaban cartas a los políticos, hacían visitas a la hora del té para tomar contacto con las mujeres que integraban las filas partidarias. Hasta ese instante, se movían en barrios del Cordón Suburbano, en Córdoba, La Plata y la ciudad de Buenos Aires.

    (…)

    En esa época, contaban con un soporte mediático casero, una radio abierta. A veces funcionaba en la puerta de la librería Liberarte y otras a la salida del Teatro General San Martín. Con un gran esfuerzo militante editaron, en 1989, Nuevos aportes sobre el aborto. Los primeros cuatro números fueron fotocopiados, y los cuatro restantes se hicieron en una hoja impresa. Mientras tanto, entre 1990 y 1997 se sumó Prensarios, una recopilación de artículos periodísticos específicos para ser vendidos especialmente en los Encuentros de Mujeres y en la esquina de Callao y Rivadavia.

    (…)

    De las agrupaciones feministas abocadas a la lucha por el aborto legal, la CDA fue la de mayor permanencia en la vida pública, y con un alto reconocimiento por parte de los organismos sociales y políticos. Efectivamente, durante casi dos décadas acompañó el surgimiento de nuevos colectivos de jóvenes que asomaban a la causa y también contribuyó con propuestas argumentativas que provocaron las condiciones fácticas para el contexto futuro. Era una organización que, por momentos, recurría a la acción directa. Algunas de sus prácticas rememoraban aquellas pintorescas modalidades de las sufragistas estadounidenses e inglesas de principios del siglo XX. Pese a ello, tampoco desconocían la labor de las investigadoras especializadas en el tema. La mayoría de las veces, con un megáfono en mano y una tarima repleta de publicaciones, se instalaban regularmente con pancartas en la esquina porteña de Callao y Rivadavia, formando codo en la confitería El Molino. Esa fue su parada dos lunes al mes, de 18 a 19:30 horas. En alta voz, con un alcance de cincuenta metros, hacían que la gente de paso se acercase para curiosear. Unas veces dialogaban y otras tantas discutían. Sus integrantes usaban chalecos con las consignas propias de la campaña. La permanencia continua les otorgaba el derecho de evaluar el grado de recepción en cuanto a la temática. Además, recogían enseñanzas de todas las personas que se acercaban a preguntar. Entre tanto, la figura de Coledesky adquirió un protagonismo cada vez más intenso por sus numerosas intervenciones públicas y por su creciente inserción en el movimiento de mujeres.

    En verdad, la Comisión expresó desde su nombre una voluntad de instalarse en el mismo registro de un feminismo que en Latinoamérica, como en Estados Unidos y en Europa, reivindicó sin eufemismos el aborto, como un derecho de las mujeres. Este camino abierto solo por momentos recibió el apoyo del movimiento feminista aunque, en un proceso lento y permanente se fue extendiendo por el país para luego recibir la creciente adhesión de miles de mujeres en los Encuentros Nacionales de Mujeres desde 1988 hasta 2003.

    Pese a los deseos de Dora Coledesky de rehusarse a los recordatorios que siempre se le quisieron hacer en vida, se relata, a modo de genealogía, un tramo de la extensa trayectoria de la CDA, su opus magnum activista. Ella contaba: “No queremos hacer una historia de la Comisión, ni enfatizar la importancia de su creación. Solamente queremos resaltar la decisión de un grupo de mujeres que se animaron a levantar la voz para tocar un tema tabú, que, aunque rodeado de la más grande hipocresía, forma parte intrínseca de la vida de las mujeres”. María José Rouco Pérez, en su trabajo “El derecho al aborto: iniciando la lucha”[1], también aportó datos sobre los orígenes de esta colectiva: “Formábamos comisiones de trabajo para impulsar una polémica que tomara estado público. Analizábamos la legislación vigente en nuestro país y hacíamos derecho comparado”. Por ejemplo, Silvina Ramos recuerda que apenas publicados sus textos, en 1987, quienes se acercaron al CEDES para discutir y abrir diálogo fueron Zulema Palma y Dora Coledesky, por separado. En Reflexiones sobre la lucha por el derecho al aborto, Magui Bellotti enlaza este hecho con la presencia en ese mismo evento “de un grupo de cincuenta mujeres con un cartel que decía ‘Cuadernos de Existencia Lesbiana’”.[2]

    En una entrevista, “La Vida en Verde”, en el Suplemento Las 12, del 30 de mayo de 2008, Dora contaba su experiencia en el exterior. Sin su trayectoria política en Francia, difícilmente se hubiese convertido en inspiradora del movimiento por el aborto legal durante la primera etapa de la democracia: “En París se hacían reuniones de quinientas mujeres, en la universidad de Vincennes, por ejemplo. En una de ellas nos invitaron a las exiliadas para que contásemos lo que sucedía en nuestros países, luego surgió la idea de hacer un grupo de mujeres latinoamericanas que duró bastante tiempo”. [3]

    [1] María José Rouco Pérez, “El derecho al aborto: iniciando la lucha”, Buenos Aires, Brujas, 1989, nº 15, p. 25.
    [2] Magui Bellotti, “Reflexiones sobre la lucha por el derecho al aborto en Argentina”, Buenos Aires, Brujas, 1999, año 18, nº 26, p. 3.
    [3] Moira Soto, La Vida en Verde, Suplemento Las 12, Buenos Aires, Página/ 12, 30 de mayo de 2008.

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