Por qué fundamos PATRIA GRANDE


presentacion patria grande

Nuestro país, en apariencia soberano, se encuentra sujeto a las nuevas formas de colonialismo del siglo XXI. Las redes de la actual dependencia, invisibles a los ojos, ya no emplean virreyes ni cabildos, pero no son menos despiadadas por eso. Someten mediante la dictadura de los organismos financieros internacionales, el lobby de las empresas transnacionales, los tratados de libre comercio, la exportación del sentido común liberal, y en último término pero no por eso menos presente, la amenaza militar.

Atrapan a nuestro país mediante una colonización económica que asfixia las posibilidades de una política soberana con la amenaza del “aislamiento mundial” y la retirada de las inversiones. Presionan para que cada una de las naciones de la PATRIA GRANDE acepten su “lugar natural” en la división mundial del trabajo, que nos reserva un sitio de honor para la explotación irracional de los bienes naturales y el agronegocio, formas modernas y ultra tecnologizadas de primarizar nuestras economías.

Después de diez años de gobierno del kirchnerismo, es necesario establecer con claridad que no estamos simplemente frente a la pesada herencia del neoliberalismo, sino ante una estructura económica forjada o reforzada en estos años. El crecimiento económico significó una mejora de las condiciones de vida de nuestro pueblo que es realmente insuficiente, sobre todo si se la compara con las ganancias extraordinarias de las grandes empresas, la fuga permanente de capitales y la riqueza nacional que se destinó en estos años a hacer frente a los “compromisos” internacionales.

Por eso la posibilidad de construir un país en el que prevalezcan los principios de la justicia social, la soberanía popular y la independencia nacional está necesariamente ligada a la dificil tarea histórica de forjar un camino alternativo y emancipador. Un proyecto de país que, basado en el protagonismo popular, se proponga el manejo soberano de la riqueza nacional y que coloque a las zonas estretégicas de la producción en síntonía con un desarrollo basado en las necesidades de las mayorías y la unidad latinoamericana. Es decir, un modelo contrapuesto a cualquier variante del capitalismo, que inevitablemente se apoya sobre la explotación del pueblo trabajador, que no cuestiona el papel rector del mercado y la ganancia económica, el consumo irracional y la dependencia.

Esta nueva dependencia no es gratuita para la clase trabajadora. Si bien ya no convivimos con las abultadas estadísticas del desempleo propias de la fiesta neoliberal, sí lidiamos día a día con el empleo informal y precario. Laburar nueve, diez o doce horas diarias es una rutina normal para millones de trabajadores y trabajadoras. Viajamos mal, muy mal y cada vez peor y hasta se pierde la vida en el intento de ir o volver del trabajo.

Las tareas domésticas dentro de los hogares siguen siendo mayoritariamente realizadas por mujeres, lo que duplica el esfuerzo de millones de personas que no solamente tienen que trabajar para un patrón sino también seguir su jornada laburando dentro de su casa. A esto se agrega la falta de derechos reproductivos en nuestro país, cuya máxima expresión es la penalización de la práctica del aborto, así como la existencia de reiterados casos de violencia de género y de trata de personas para la explotación sexual.

Acceder a una vivienda propia puede ser una tarea imposible para amplios sectores de nuestro pueblo. Los precios de las viviendas, liberados a la regulación del mercado, crecen espectacularmente al ritmo de la especulación inmobiliaria. Quien vive en una villa o en barrios suburbanos no puede acceder a los servicios básicos mínimos, porque las autoridades públicas se niegan a aplicar las leyes de urbanización o a reconocer la existencia de los asentamientos y realizar las obras públicas necesarias.

El empresariado local, que obtiene una porción nada despreciable de las ganancias de esta estructura económica, intenta instalar constantemente un sentido común neoliberal y conservador en vastos sectores de nuestro pueblo.

Este sentido común es la cobertura ideológica del colonialismo del siglo XXI y, por lo tanto, nuestro principal enemigo en la batalla cultural que nos proponemos dar. Su objetivo es obstaculizar los intentos de recuperación de las herramientas del Estado nacional, amputado desde la última dictadura militar y confrontar cualquier acción política que cuestione los privilegios que han gozado históricamente los sectores más poderosos.

Pero el liberalismo no sería tan peligroso si no contara con la complicidad del “posibilismo”, de ese discurso que afirma que “no se puede ir más allá de lo que hoy parece posible”. Esa resignación fatalista al presente asume la forma de un análisis concienzudo de la relación de fuerzas existente, para así impedir proyectar lo que todo proceso de cambio profundo siempre buscó: hacer posible lo imposible.

En función de aportar a esa tarea histórica fundamos PATRIA GRANDE, para contribuir a la construcción de una izquierda popular, a partir de la fusión de Marea Popular, el Frente Popular Darío Santillán – Corriente Nacional, el Movimiento 15 de enero de Mar del Plata, el movimiento universitario por el cambio social Sudestada y la agrupación Cutral Co de Córdoba, la Corriente Unidad Sur de la provincia de Buenos Aires, Podemos y el espacio Chico Mendes de la Ciudad de Buenos Aires, el centro cultural El Barro de San Juan y otros compañeros y compañeras no agrupados en la actualidad. Damos así un paso concreto en el camino de la unidad del campo popular, que tantas veces se proclama como objetivo, pero que muy raramente se hace carne en las organizaciones militantes.

Esta gesta histórica, jalonada por el sacrificio y la entrega de miles de hijos e hijas del pueblo, no es una tarea que pueda ser llevada adelante por una sola organización política. Ni siquiera tampoco solamente por un gobierno popular. Es una tarea que exige la organización del propio pueblo argentino y latinoamericano. Que exige la construcción de Poder Popular desde las bases, desde las luchas y sueños de las clases subalternas como una de las principales ideas/fuerza que hagan parir el porvenir. Que exige la unidad amplia del campo popular, de sus organizaciones políticas, sociales, sindicales, estudiantiles, culturales, religiosas, ecologistas, de derechos humanos, feministas y en general de todo aquel que se siente comprometido con la esperanza de una vida digna para las mayorías populares en un gran movimiento emancipatorio.

Para ello convocamos a la juventud argentina y latinoamericana, que rechaza la injerencia del imperialismo; a la clase trabajadora de todos los rincones de la nación, dispuesta a pelear por la dignidad; a los hombres y mujeres comprometidos con los más humildes de nosotros, en todas las formas posibles de solidaridad; a los campesinos y a los agricultores familiares, que sostienen otro modelo agrario garante de la soberanía alimentaria; a los intelectuales y artistas, identificados con la construcción de una cultura contraria a los valores del individualismo y la mercantilización; a los estudiantes, comprometidos con las luchas y la construcción de un conocimiento crítico y emancipador en función de las necesidades sociales; a los luchadores contra la explotación irracional de los bienes naturales; a las defensoras de los derechos de las mujeres y de todas las identidades; a los comunicadores populares, que enfrentan la mentira de los grandes medios de comunicación; a los activistas por los derechos humanos de ayer y de hoy, a los continuadores de la experiencia ejemplar de las Madres de Plaza de Mayo. A todos los convocamos a unirse a construir PATRIA GRANDE. Parafraseando a viejos maestros, “no les ofrecemos un camino fácil, un panorama risueño ni una mentira más; le ofrecemos a cada uno un puesto de lucha”. Hablamos de pensarnos libres. Hablamos de construir el poder del pueblo hacia el socialismo del Siglo XXI.

3 de julio de 2014, desde el sur del Continente